Monitoreo formativo a través de visitas al aula

Por Carolina Cuéllar

En los últimos años, la literatura ha venido destacando la necesidad de contar con líderes pedagógicos al interior de las instituciones escolares que sitúen en el centro de su acción la calidad de la enseñanza y los resultados de aprendizaje. Es precisamente la capacidad de vincular positivamente estos dos factores la condición esencial para alcanzar las metas de mejora escolar.

Por esta razón, los esfuerzos de los líderes pedagógicos deberían concentrarse -en gran medida- en potenciar todas aquellas capacidades que son necesarias para una mejor acción docente en el aula. Existen diversas acciones orientadas a mejorar la enseñanza, el monitoreo formativo de las prácticas pedagógicas y de los aprendizajes a través de visitas al aula constituye una de ellas.

Es importante distinguir el valor de esta práctica. El monitoreo a través de visitas a la sala de clases va más allá de cumplir con las tradicionales evaluaciones que forman parte de las políticas o de una exigencia del sostenedor. Más bien, se trata de facilitar el aprendizaje y  monitoreo continuo de los docentes, según señala Anderson (2010), “con el propósito de comprender mejor el progreso de los docentes y los obstáculos que impiden la implementación de los objetivos de aprendizaje”. De esta manera, las visitas al aula deben ser concebidas como un espacio de observación, conversación y apoyo; que requiere ser complementado con otras prácticas de acompañamiento por parte del equipo directivo y también de reflexión entre pares.

Robert J. Marzano (2007) en su libro The Art and Science of Teaching plantea un marco para la enseñanza efectiva que, a su vez, recomienda utilizar en las visitas al aula. Se basa en 9 preguntas que apoyan la observación de prácticas pedagógicas y que deberían ser parte de la acción docente en cualquier clase.

Para descargar la Guía de Observación de Marzano haga click aquí.